jueves, 30 de septiembre de 2010

Crónicas estivales - Camino del Destierro del Cid día II

21 sábado.- San Pedro de Cardeña- Mecerreyes. 18 Km.

De madrugada reanudamos el camino partiendo del monasterio de San Pedro de Cardeña, donde debisteis haber dejado a doña Jimena dolorida y a vuestros tres hijos.

Debe ser algún mago afín al rey don Alfonso, el que nos ha hecho un conjuro para que pasemos, casi con vergüenza, por todos los hitos señeros de vuestro recorrido. ¿Queréis creer que ni siquiera entramos a pedirle a Dios un camino venturoso? Ahora los monjes no abren la puerta de madrugada. Solamente dará fe de nuestro paso por la abadía, una foto de grupo ante la fachada.

Por cierto, que ese Santiago Matamoros que aparece sobre la puerta, por estos tiempos que corren, es políticamente incorrecto. No sabéis, mío Cid, cómo han cambiado las cosas en este milenio: hoy, por la mayoría de vuestras hazañas, tan cantadas, os llevarían a las mazmorras sin contemplaciones: muchas son talmente delitos.

Este trayecto fue muy interesante, sobre todo por el campo tan hermoso que cruzamos y por el que triscaban corzos juguetones, que se escondían en oyéndonos. Algunas desterradas nos despistamos confundidas entre los matorrales y encinas y perdimos al resto de la hueste. A campo través hubimos de alcanzarla, mi señor, y llegamos con la lengua afuera a Modúbar de San Cibrián, que pasamos rápidamente porque el bocata nos esperaba en Los Ausines.

Pero lo mejor de todo fue el recibimiento en Cubillo del Campo, villa, que, como os dije, está muy interesada en revivir vuestras victorias y tiene también institucionalizada otra cofradía de desterrados, que más le valiera unirse con la de Quintanar y hacer una mesnada tan grande como vos os merecéis. En Cubillo celebraban fiesta popular, con un ágape en un jardincito arbolado y a nosotros nos cedieron el local anejo, detalle que agradecimos haciendo que la juglaresa Mencía les leyera, sin micrófono ni nada, el romance de La jura de Santa Gadea, que escucharon sin pestañear, máxime cuando se lo sabían todos y estaban al quite por si la juglaresa erraba alguna rima. Que no erró.

Gran parte de la tropa descansó a la sombra de la iglesia de las leguas recorridas a 30º que acababan de patear. Menos mal que el autobús les llevó aúpas hasta Mecerreyes, que fue donde durmieron.

30-agosto 2010 PJ Blanco Rubio

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