sábado, 14 de septiembre de 2013

Taller de escritura Escribe-lee 2013-2014


¡¡¡Hola queridos compañeros abducidos y letraheridos!!!

Cuanto más despacito queremos que camine el tiempo, más prisa se da el muy puñetero. Buena prueba de ello es que aquí andamos, compuestos y sin vacaciones, casi a mediados ya de septiembre. El caso es que en unas pocas semanas comenzaremos de nuevo todos los que lo deseéis con los Talleres de Escritura. Ya sabéis que se trata de disfrutar de y con la literatura, de y con los compañeros. Os cuento mis planes.

Desisto de hacer talleres diferentes, uno para la Narrativa y otro para la Poesía; así que seguiremos mezclando ambos géneros en el taller que se impartirá: lunes de 7 a 9, martes de 11 a 1 y jueves de 7 a 9. Ya sabéis: lectura de textos, análisis, apropiación de recursos y creación a partir de ahí. Como en cursos anteriores también en éste nos centraremos en un concreto habitat literario; este año la mayoría de los textos que leamos y a partir de los que curraremos, tanto en Narrativa como en Poesía, pertenecerán a la literatura española del siglo XX posterior a la guerra civil. Una época crucial ya que es en esas décadas cuando la literatura española se pone en hora con las literaturas europea y americana; las formas, estilos y estructuras más contemporáneas son llevadas a sus libros por un buen número de narradores y de poetas. Algunos de ellos también han teorizado lúcidamente sobre el arte de la escritura; los utilizaremos para -este curso espero que sí- ir un poco más allá con la teoría literaria. Seguro que descubriremos obras y autores sorprendentes -más allá de los tópicos-, de los que podremos gozar y aprender.

Para el Taller del miércoles de 7 a 9 os propongo un par de ideas, y tiraremos adelante con la que más interés suscite. Por una parte continuar con Escritura Teatral; seguiríamos leyendo teatro, escribiendo teatro individual y colectivamente, y contemplando otros aspectos teóricos (y también prácticos, claro). Eso sí, bajaríamos un poco el pistón, el excesivo y ambicioso ritmo del pasado curso, para que la peña no se descuelgue. La otra posibilidad que os planteo es el novedoso Taller de Historia de la Literatura. No iría enfocado a la creación, sino al conocimiento y al disfrute de las obras literarias. Se trata de acercarse a autores y a obras, ubicarles en su momento y en su lugar; analizar el contexto histórico, social, económico, político…, así como las peripecias vitales de los escritores. El primer trimestre lo dedicaríamos a recorrer la historia del género literario por antonomasia, la novela; a analizar su lenta y curiosa conformación a través de los siglos hasta su eclosión en el XIX y su transformación en el XX. Aprovechando el 50 aniversario de su pistoletazo de salida oficial, el segundo trimestre lo dedicaríamos al Boom de la literatura latinoamericana; más allá de los tres o cuatro escritores más conocidos se abre un riquísimo y variopinto panorama que estudiaremos, leeremos y disfrutaremos. Y el tercer trimestre, pues ya veremos. Parece que el día de matrícula es el 18. Si os motiva lo del miércoles, es preciso que especifiquéis qué curso es el que os interesa de los dos.

Por mi parte el curso empezará el lunes 7 de octubre. Si nos vemos el día de matrícula, brindaremos luego con una cañita; si no, pues hasta octubre. Un beso para todos y todas.


Josu Montero

viernes, 21 de junio de 2013

Fin del curso taller de teatro Asociación escribe-lee


El taller de Teatro de Escribe/Lee
Obra "EL ESPIGÓN DE ORO"
Escrita y dirigida por el profesor y actor: Iñaki Urrutia.
Viernes 21 de junio a las 19:00 horas
Centro Cívico Bidarte (Bilbao)
Avda Lehendakari nº 42

sábado, 8 de junio de 2013

Delirio de Laura Restrepo


Ya Cervantes tuvo necesidad de buscarse un don Quijote y utilizar su locura para exponer su análisis del mundo en un libro cargado de humor y denuncias.

Así, Laura Restrepo (Bogotá, 1950), gran conocedora de la realidad de Colombia, y miembro en 1983 de la comisión negociadora de paz entre el gobierno y la guerrilla del M-19, necesita ingeniarse una protagonista loca, Agustina, perteneciente a una familia de la alta burguesía enriquecida gracias al blanqueo de dinero, para denunciar las miserias de una sociedad noqueada por la droga, envuelta en hipocresía y que aniquila todo aquello -la homosexualidad de Bichi, la infidelidad del padre, la pobreza del Midas, la impotencia de la Araña Salazar- que pueda alterar el orden establecido por los convencionalismos y tutelado por los mafiosos de Pablo Escobar.

Agustina Landoño y su familia viven su aventura en las páginas de “Delirio”, -obra premiada en 2004 con el premio Alfaguara- que se convierte, desde el principio de su lectura en una obra delirante, en la que el lector debe jugar con la multiplicidad de personajes, que hablan en distintos tiempos y distintas personas, mezclando su discurso con el del narrador ommnisciente, que organiza el texto al que la autora le confiere unos signos de puntuación personales, que origina un verdadero frenesí lector.

Como Jean Rhys en “Ancho mar de los sargazos”, Restrepo bucea más allá de la estructura mental de Agustina y crea una red de información acerca del mal de la protagonista escrutando antecedentes familiares en los parientes; la misma infancia de Agustina con los secretos erótico-maternales; su complejo de Electra, que le hace vivir pendiente de su padre, el patriarca, de cuya desafección y manipulación se venga ella con múltiples amantes; y la búsqueda de datos acerca de su pasado por parte de Aguilar, esposo y protector.

Todo ello, a través de continuas analepsis- flashback en leguaje cinematográfico-, entrelazadas con escenas en tiempo real, ya que la historia sucede en un fin de semana, en las que se nos ofrecen los manejos de la cuadrilla de altos traficantes de droga y que es la que consigue crear un clima de intriga, que crea la estructura de la novela, perfectamente cerrada y con un fin insospechado.

“Delirio” está construida en base a dos fuertes tendencias: el realismo mágico y la narco-narrativa. Dos modos estéticos que poco comparten tentre sí en la teoría, pero que van de la mano en la praxis literaria, encontrándose en ambas la multiplicidad de voces que construyen el relato; en el que la posición del narrador que cuenta interesa más que la propia narración.

El hecho de que, aparentemente, se trate de una novela de sentimientos no le impide acercarse a la realidad social del país. En escenas hilarantes de humor, en el lenguaje coloquial colombiano, Restrepo hace un retrato cruel de las miserias de los mafiosos, de su sometimiento al capo y de la implacable venganza que éste pude prodigarles en caso de la más pequeña infidelidad o del reto que Pablo Escobar había lanzado a la autoridad a través del terrorismo.

Si bien “Delirio” comparte rasgos con la narco-narrativa no pertenece por completo a él. También posee características del realismo mágico, con el espacio mítico delirante encarnado en la figura del abuelo Portolinus o llenando de magia realista las actuaciones visionarias de Agustina, que alteran el desenlace de la novela y que se mezclan aleatoriamente con relatos totalmente próximos y sensatos, propios de la narco-narrativa, como el del Midas cuando afirma que ”Toda historia es un gran pastel, cada quién da cuenta de la tajada que se come y el único que se da cuenta de todo es el pastelero”

Bilbao, 28-4.2013 P.J. Blanco Rubio



Taller de Crítica literaria Junio 2013

El realismo mágico de DELIRIO en la obra de Laura Laura Restrepo


Terminamos, al fin, el estudio del ciclo Realismo mágico, con esta magnífica novela de Laura Restrepo.

Alternando autores masculinos y femeninos, hemos podido apreciar, también, variaciones de estilos y diferentes intensidades de simbolismo mágico.

En esta obra la autora lo emplea no solo de un modo algo diferente, sino que también establece una distancia crítica. Así, a su personaje más intelectual, Aguilar, le hace decir lo siguiente:

“ (…) y me sentía incómodo con lo que dio en llamarse el realismo mágico, por entonces tan en boga, porque me consideraba al margen de la superchería y de la mentalidad milagrera de nuestro medio, y de las cuales Agustina parecía como exponente de lujo.”

A pesar de ello es indudable su empleo en la novela de modo importante, pero combinándolo, en cierta manera como contrapunto, con otro subgénero narrativo más tardío en su aparición, pero muy actual sobre todo en países como Colombia y México. Me refiero a la narco-narrativa.

Como se va descubriendo en la lectura del libro, estos estilos contrapuestos no son un mero capricho de la autora, sino que han sido hábilmente entrelazados por ella para dar una potente verosimilitud al relato.

A través del realismo mágico se entronca la historia de los Londoño en el simbolismo de la cultura iberoamericana, pero el estilo narco-narrativo, o novela del sicario, la hace tocar tierra, la tierra colombiana de los años 80, donde tiene el narcotráfico los carteles más importantes del mundo, guerrilleros, paramilitares, una alta clase social que se lucra de todo ello pero guarda las apariencias con el ropón almidonado y bendecido –en expresión del Midas, sicario e intermediario de ellos con Pablo Escobar.

La historia de los Londoño es enriquecida por la autora con la incorporación de otro ingrediente expresivo de larguísima tradición en la literatura: la mujer mistérica. Profundizaremos en ambos aspectos a continuación.

1. Realismo mágico y narco-narrativa.

La autora, admiradora de García Márquez y de los grandes autores del realismo mágico, es conocedora, también, de la nueva corriente de autores colombianos que han decidido superar el “macondismo” (Recordemos que Macondo es la ciudad ideal ficticia, donde transcurren los hechos en “Cien años de soledad”), más que nada porque respondía a la época de los 60 y 70, pero las realidades urbanas de los 80 y 90 presentan además de un acentuado desencanto revolucionario, un aumento de violencia urbana, etc, en definitiva una nueva mentalidad y unos nuevos hechos que requieren una nueva expresión. Y Laura Restrepo demuestra su sensibilidad hacia esta nueva época precisamente en el giro que imprime al realismo mágico. Éste dejará de ser la expresión de la utopía exótica de latioamérica como gran reserva de la autenticidad del pobre, el subalterno y el autóctono frente al degenerado occidental. Abandonará esta simbología para convertir el realismo mágico en las formas de delirio de personajes concretos de una familia; delirios que no solamente son expresiones culturales, cuyos signos remiten a la peculiar esencia de latinoamérica, sino que, sobre todo, remiten a un modo de comportamiento familiar, de ropón almidonado y bendecido que oculta sus miserias lo que puede, pero son tan brutales que los miembros más sensibles de dicha familia, como es el caso de Agustina, entran temporalmente en demencias y deliran a modo de escape y auxilio.

Pero la autora no quiere dejar al lector la comprensión de la realidad tan compleja de la familia Londoño a su habilidad para descifrar el lenguaje caótico del delirio. Paralelamente al lenguaje delirante de Agustina y Portulinus (el abuelo), existen tres relatos de carácter realista y lógico: el de Aguilar, el de la tía Sofi y el del Midas McAlister.

Precisamente en este personaje recae la expresión directa del narco-relato. Y al entretejer la autora los relatos en el tiempo, la crítica a la alta sociedad colombiana, y al narcotráfico se hace potentemente verosímil, sin que por ello evite la autora no solo un tono humorístico, sino en ocasiones realmente hilarante, como cuando el abuelo Portulinus recuerda aquél día en un velatorio en el que a su hermana le entró un picor vaginal irresistible, sólo aplacable mediante una agitación extrema hasta llegar al orgasmo, mientras los allí presentes (menos el muerto, suponemos), eran incapaces de cerrar su boca extremadamente abierta.

Esta historia sucedía en Alemania, de donde procedía el abuelo materno del clan familiar, detalle a tener en cuenta para una connotación más amplia que los límites latinoamericanos para el realismo mágico en los que quiere situarlo la autora.

Pero volvamos al Midas y su relación con los Londoño, pues explica un buen retazo de las diferencias de clase en la sociedad colombiana y orienta para una comprensión sobre la aparición del narcotráfico y el potentísimo desarrollo que adquirió.

El Midas es uno más de los millones de pobres que contemplan admirados la forma de vida de las familias terratenientes propietarias de los cafetales. Nos cuenta él mismo cómo era esta admiración:

“¿Estás pensando que fue por la misma razón de siempre y que si una y otra vez le hago caso a la Araña es porque soy incapaz de romper el hechizo que sobre mi ejercen él y todos los old-moneys? ¿Porque aunque trate de disimularlo mi admiración por ellos es superior a mi orgullo, y por eso tarde o temprano acabo haciéndoles de payaso? Sí me sueltas a bocajarro ese rollo moralista, Agustina chiquita, si me dices que mi peor pecado es la obsecuencia, con el dolor de mí alma tendré que aceptarlo porque es estrictamente cierto; hay algo que ellos tienen y yo no podré tener aunque me saque una hernia de tanto hacer fuerza, algo que también tienes tú y no te das cuenta, princesa Agustina, o te das cuenta pero eres suficientemente loca como para desdeñarlo, y es un abuelo que heredó una hacienda y un bisabuelo que trajo los primeros tranvías y unos diamantes que fueron de la tía abuela y una biblioteca en francés que fue del tatarabuelo y un ropón de bautismo bordado en batista y guardado entre papel de seda durante cuatro generaciones hasta el día en que tu madre lo saca del baúl y lo lleva donde las monjas carmelitas a que le quiten las manchas del tiempo y lo paren con almidón porque te toca el turno y también a ti te lo van a poner, para bautizarte. ¿Entiendes, Agustina? ¿Alcanzas a entender el malestar de tripas y las debilidades de carácter que a un tipo como yo le impone no tener nada de eso, y saber que esa carencia suya no la olvidan nunca aquéllos, los de ropón almidonado por las monjas carmelitas?

Ponle atención al síndrome. Así te hayas ganado el Nobel de literatura como García Márquez, o seas el hombre más rico del planeta como Pablo Escobar, o llegues de primero en el rally Paris Dakar o seas un tenor de todo el carajo en la ópera de Milán, en este país no eres nadie comparado con uno de los de ropón almidonado. ¿Acaso crees que tu familia aprecia a un hombre como tu marido, el bueno del Aguilar, que lo ha dejado todo, incluyendo su carrera, por andar lidiándote la chifladura? Pero si tu familia ni siquiera registra a Aguilar, mi reina Agustina, decir que tu madre lo odia es hacerle a él un favor, porque la verdad es que tu madre ni lo ve siquiera, y a la hora de la verdad tampoco lo ves tú, no hay nada que hacer, así se sacrifique y se santifique por ti, Aguilar será siempre invisible porque le faltó ropón.

Dime, Agustina bonita, cómo iba yo a saber que en esta vida existe ese invento espléndido que se llama malteada de vainilla y que si la pides por micrófono te la acercan al auto, Los discos que le traían de Nueva York a Joaco, y el olor a nuevo de su Renault 9, y esa libertad dorada de niños que vuelan sin licencia de conducir por la Autopista al Norte, todo esto era demasiado para el Midas McAlister, el corazón le latía con una ansiedad desconocida y salvaje y sólo atinaba a repetirse a si mismo Todo esto tiene que ser mío, algún día será mío, todo esto, todo esto, y mientras tanto cantaban el Yésterdei de los Bitles, te ríes, reina Agustina, y yo también me río, pero no sospechas hasta qué punto el hecho de exhibir ese lagarto Lacoste en el pecho me ayudó a confiar en mi mismo y a llegar a ser el tipo que soy.”

2. La mujer mistérica.

La tradición de este personaje en literatura se remonta a Homero en La Iliada con el personaje Casandra, hija del rey de Troya, Priamo, y hermana de Hector y Paris. Y ya desde entonces, la mujer adivinadora tiene ese doble estigma: despreciada y temida.

Michel Foucault ha visto cómo el lenguaje del loco no cuenta socialmente, es algo a despreciar, está excluido del discurso de los hablantes considerados cuerdos; pero a la vez resulta inquietante. Y si en lugar de ser hombre el loco es mujer, entonces la cualidad inquietante se hace más aguda y sibilina, con tintes de perversidad.

Todo parece indicar que la autora ha escogido cuidadosamente el personaje central de su obra, Agustina, dotándola de estas características de mujer mistérica. La autora inicia este relato teniendo en cuenta la advertancia de Gore Vidal que recuerda el consejo de Henry James de que un loco no puede ser el personaje central de un relato. Pero lo tiene en cuenta como un reto para hacer lo contrario, convirtiendo a Agustina en el eje de todo el discurrir de la vida de los Londoño, y buena parte de la vida de Bogotá en los años de esplendor del narcotráfico.

La delirante Agustina lo será sólo a tiempo parcial. Alternará los momentos de enajenación mental y sus extravagantes delirios, con momentos de lucidez, de belleza y de originalidad capaz de encandilar a los hombres y hacerse admirar por todos. La habilidad de la autora irá permitiendo ver al lector, a medida que avanza en el relato, que los delirios de la bella protagonista son menos extravagantes de lo que al principio parecían, hasta ir descubriendo su sentido. Y apuntan todos ellos, en primer lugar, a los secretos familiares: actos y actitudes inconfesables de la Familia Londoño que convierten los delirios de Agustina en purga y expiación necesaria para que no explote esa bomba de relojería instalada en sus entrañas. Y, en segundo lugar, apuntan a la alta clase colombiana, que oculta el blanqueo de dinero del narcotráfico, además de otros vicios inconfesables a una sociedad de practicante fervor religioso. Aquí también hay bombas de relojería, que de vez en cuando los capos hacen estallar en locales frecuentados por los olds money. Los delirios, son así, las expresiones sintomáticas que avisan de un malestar, como la fiebre avisa del malestar del cuerpo.

3. Técnica literaria.

Se comienza a leer esta obra siguiendo el relato en tercera persona y sin previo aviso está uno leyendo en primera persona, y de nuevo se salta a la tercera persona. Uno percibe desde el principio que la autora no respeta las reglas sintácticas. Ya da por supuesto el lector que puede encontrarse diferentes relatadores en primera persona, pues los autores que quieren lograr una polifonía de voces diferentes para acercarse a la singularidad de los personajes, así lo hacen. Pero sorprende el caos sintáctico...hasta que uno piensa en el título del libro. Claro, Delirio, ¿qué mejor forma de entrar a conocerlo que con un lenguaje caótico, delirante en la forma? Después el paciente y lógico lector, como hace el personaje Aguilar, irá investigando y poniendo en su sitio las cosas y comprenderá al final.

Pero la verosimilitud del relato no lo ha fiado la autora sólo a la polifonía caótica de voces. Ha establecido una doble polaridad expresiva:

Por un lado está la polaridad entre el realismo mágico y la narco-narrativa. Con el primero, la autora nos pone ante un mundo mágico, altamente simbólico, como la hermana de Pontulinus, convertida en su imaginación en la Ofelia que flota en las aguas. En contraste, tenemos el mundo extremadamente realista, extremadamente sórdido que nos cuenta El Midas, como esa escena que rodea a los intentos de erección de la Araña Salazar, con el numerito de sadismo, matones y crimen incluido. Hay otra polaridad establecida entre los personajes principales:

Agustina y el abuelo Portulinus son extremadamente espiritualistas, ilógicos, mágicos, frente a Aguilar, la tía Sofi y el propio Midas que son personajes lógicos y realistas.

Y estas polaridades mueven el interés del lector, convertido ya en investigador, pues no le queda otra salida si quiere, él también, salir del caos.

Santos Pérez Sopelana, 3 de Junio 2013

domingo, 26 de mayo de 2013

Viaje Orillas del Río Duero de Escribe-lee


Cuando José Manuel Galante nos organizó una excursión al río Duero pensábamos que nos lo encontraríamos en los recodos del camino, discurriendo bajo los puentes y arrullándonos en los sotos. Pero, qué va: hemos comprobado en nuestras propias carnes cómo se forma este río: a fuerza de nubes negras, granizadas, ventiscas y agua de mayo, bendita, según dicen, para que los verdes trigales de Castilla lleguen a buena cosecha que deje tranquilos a los labradores inmersos en la crisis.

Salimos de Bilbao el día 17 de mayo, viernes, bien arropados en tabardos, bufandas y paraguas -porque los
augures habían pronosticado frío invernal- formando una comitiva poética y alegre, a la que la temperatura no arredraba y mucho menos desde que ya no sirven los grados del termómetro para diagnosticar el frío, porque nuestra sensación térmica- que es lo que ahora mola- física y espiritual, se hallaba en la más deliciosa primavera.

Además de los fieles de toda la vida que pertenecemos a la Asociación “Escribe-lee”, se habían incorporado algunas viajeras nuevas, que indagaban con la mirada cómo sería un viaje con esta cuadrilla de locos que va leyendo poemas durante el trayecto y, en capítulos llenos de suspense, un cuento de Las Mil y Una Noches con el que la locutora, Loli, mantuvo la intriga hasta el último día.

La primera parada la hicimos en el Hotel “Aranda”, de Aranda de Duero; allí dejamos las maletas, nos aseamos y salimos disparados hasta Peñafiel donde comimos y enseguida salimos a visitar el magnífico castillo, hoy Museo del Vino, con sus 230 m de largo y que luce airoso sobre la roca oteando la inmensa planicie de la Meseta.


En el pueblo nos esperaba la guía turística que nos llevó por las zonas más interesantes como la Plaza del Coso, donde se hacen corridas de toros desde la Edad Media y que hoy es centro de reunión de los acontecimientos de la villa. Es curioso que los balcones, que aparentemente forman parte de los edificios no sean otra cosa que los palcos de la plaza, irregular por otra parte.











También visitamos el monasterio de San Pablo, curiosa edificación que da fe de las manos por las que ha pasado, con capillas góticas, mudéjares y barrocas. Allí está enterrado- dicen- el Infante Don Juan Manuel. Lo que no queda claro es si también yacen entre sus muros Patronio y su Conde Lucanor.

Cenamos en el hotel de Aranda, haciendo amigos entre los conocidos y los viajeros novicios. El día 18 nos dirigimos a Peñaranda de Duero, Burgos, hoy un pueblecito anónimo, que luce palacio renacentista, el de los Avellaneda, en medio de una plaza con su impresionante rollo, que no es lo mismo que la picota en la que se ajusticiaba a los reos; unas casas medievales, deliciosamente conservadas y la colegiata, magnífica, que nos explicó el arcipreste con todo detalle. La colegiata está llena de relicarios de todas las épocas y lugares. Si es cierto que las reliquias protegen a sus devotos, allí todo el mundo está libre de sustos.

Sobre el horizonte, y en otra roca hay un castillo, de la misma hechura y menos restaurado que el de Peñafiel, que indica, como todos los castillos de la zona, por dónde estuvo la muga entre Castilla y Al Andalus en la línea del Duero, que fue el primer gran avance de la Reconquista.

De Peñaranda pasamos a El Burgo de Osma, que pertenece a Soria. La gente del Burgo, arrabal del pueblecito medieval de Osma, le fue comiendo importancia a su progenitor, tanto que lo dejó relegado al
otro lado del río, de tal manera que hasta consiguieron convertirse en villa. Hoy lucen magnífica catedral y obispo, con toda la parafernalia que conlleva un obispado en instituciones y edificaciones anejas.



Pero a los viajeros de Bilbao, además del sepulcro románico de san Pedro de Osma, que está para disfrutarlo con todo su color primigenio, los soportales, las plazas y la torre, lo que más nos afectó fueron los torreznos que nos pusieron en la mesa del restaurante Virrey Palafox. ¡Ay, qué ricos!.


Nos aseguraron que estaban asados con una receta ancestral que los libraba del colesterol. Menos mal. Porque cayeron bastantes. En Castilla no hay marisco, pero sí torreznos y chorizo y hasta sopas de ajo con sabor a canela y su huevecito escalfado.

Del asado que al día siguiente comimos en Lerma, mejor no hablar, que encima, iba precedido de morcilla burgalesa.

Cómo se conoce a los habitantes de un territorio por su comida. En la sobria Castilla, con cultura de pan y ovejas celebran al marrano y al cordero en todas sus manifestaciones como cristianos viejos.

Y luego salimos para el Monasterio de La Vid a ver si nos enseñaban su magnífica biblioteca, pero el agustino no estaba por la labor y nos dejó contemplar solamente un incunable y un facsímil de códice guardados en vitrina, además del museo religioso que tienen lleno de imágenes y objetos de todo tipo y calidad.

Menos mal que el claustro del monasterio está bien resguardado con modernos cristales porque durante su visita cayó una granizada de antología. Hay que agradecerle a Galante, lo organizados que tenía los chaparrones, que siempre nos pillaban bajo teja.

Como después de semejante banquete no había manera de cenar, a la vuelta, aprovechamos para conocer “Aranda la nuit” aprovechando que estábamos a 18 de mayo, día de los Museos y Noche Blanca.

Todo Aranda estaba lleno de luz: la Casa de Cultura, la Casa de Las Bolas, que es una sala de exposiciones donde había lecturas poéticas entre los cuadros; la iglesia de San Juan, convertida en museo sacro y donde aparece un Santiago Matamoros sin moro, que ahora es políticamente incorrecto y, sobre todo, la parroquia de Santa María la Real, con una fachada en gótico isabelino que es lo mejor de lo mejor

Allí había un recital de copla. Que la cultura es la cultura y el día de los museos se merece un detalle. Mismamente, en el altar mayor, donde al día siguiente, domingo, se impartirían las Primeras Comuniones, una folclórica cantaba las desventuras de “La bien pagá”, La “lirio” y “María de la O” como Magdalenas arrepentidas a los pies de Jesús. Está visto que la Iglesia acoge a los pecadores y sobre todo a las pecadoras siempre que lo hagan por amor.

Eso es acercarse al pueblo y a la vida misma, no andarse en zarandajas científicas y utilizar las células madres para curar el alzheimer, que es pecado.

El domingo 19, y debido a que, por problemas ajenos a la organización, no se había podido realizar en Peñafiel el recital programado, hubo un minirecital, muy íntimo, en un saloncito del hotel, y nos dejó a todos un gustillo poético, que no puede faltar en nuestras manifestaciones. 



Visitamos la villa, compramos recuerdos- más bien gastronómicos, como chocolates y pastas típicasacudimos a la santa misa, y nos tomamos nuestro vermut, todo por libre.

En Lerma, que fue nuestra ultima etapa, visitamos el Parador, antiguo palacio del Duque de Lerma; el convento de clarisas donde hay oberbooking de monjas, que van con vaqueros y son muy rompedoras, al parecer, aunque parezca extraño en estos tiempos laicos; nos asomamos al mirador, antes pasadizo cubierto para que los nobles no se mancharan los zapatos en días como el que nos ocupaba y pudieran acudir a misa o contemplar el paisaje… y comimos.



Fernando en el autobús de vuelta, en nombre del grupo , agradeció a la Asociación escribe-lee la buena organización del viaje, su dedicación, su amabilidad y todas las atenciones que han tenido con nosotros.



P J Blanco Rubio 20 mayo 2013


domingo, 28 de abril de 2013

Taller de Crítica literaria Mayo 2013

MAL DE AMORES (1996- Ángeles Mastretta)

Ángeles Mastretta (Puebla, 1949) publicó su cuarta obra, “Mal de amores”, en 1996, por la que recibió el premio Rómulo Gallegos, uno de los más prestigiosos de la literatura hispanoamericana , quedando consagrada como una escritora de primera línea.

No me lo pareció así, cuando lo he leído recientemente. Es más: me resultaba una obra menor, estructuralmente plana, en la que los personajes se van sucediendo progresivamente sin más argumento que el devenir de una capital de provincias en el México prerrevolucionario; con un aparente protagonista, Diego Sauri, procedente de Yucatán, de triste pasado que le hace emigrar y enfrascarse en las hierbas curativas y que arriba en Puebla donde se casa con Josefa Veytia, dama serena y cultivada, hermana de una Milagros Veytia, rarísima para su época, que prefería no casarse con el hombre que amaba para seguir en libertad.

Nada hacía prever que, transcurrido el primer tercio de la lectura, bastante sosa por cierto, aparezca en la casa de los Sauri una chiquilla inteligente, independiente, curiosa y apasionada, Emilia, que transformara la relación de tertulias político-sociales que mantenían los liberales prerrevolucionarios del lugar en la casa del doctor Cuenca, en una novela interesante, llena de matices humanos.

Emilia Sauri se convierte en protagonista definitiva después de una serie de personajes aparentemente intrascendentes .

Esta Emilia es un tanto especial: nace en una familia por demás librepensadora, equilibrada, con unos padres incomprensiblemente comprensivos- principios del siglo XX, burguesía provinciana- que no ponen el grito en el cielo sino que sonríen cómplices la noche en que se acuesta con du adorado Daniel Cuenca, ahijado de la tía Milagros, la rompedora, novia eterna del poeta Rivadeneyra, tan enamorado como complaciente. Nada que ver con el hombre machista mexicano de las películas de Zapata: Rivadeneyra es un hombre del siglo XXI por lo menos. Más moderno todavía es el marido de Emilia, el doctor Zabalza, aceptando, en su inmenso amor, las batallas sexuales de Emilia con su amante eterno, Daniel.

En la novela no se cuenta las habladurías de la sociedad poblana, alta y baja, del modo de vida libertario de estas familias honorables ni si les hacían feos en las fiestas ni nada de esas vulgaridades.. Lo que se cuestiona en ella es la capacidad de amar a dos hombres simultáneamente.

Hasta este momento, esta situación de enamoramiento doble estaba perfectamente documentada tanto en la vida real como en la ficción a través de múltiples varones . Pero ¿y la mujer? ¿Puede una mujer ser dual como un varón y ofrecer a cada uno de sus dos hombres una de sus caras sin deterioro de la otra?.

Pues sí: Emilia Sauri es capaz de buscar la pasión en el revolucionario inestable Daniel y la serenidad en el médico científico Zabalza. Porque Emilia sabía lo que quería y lo que le podía pedir a cada uno, y era imposible exigirle sensatez a Daniel, que prefería la revolución a vivir establemente con ella . Ella misma deseaba la seguridad que le ofrecía el médico a cambio de poder ejercer la medicina -de la que tampoco estaba dispuesta a renunciar- que era su gran pasión.

Más que una novela que cuenta una historia, “Mal de amores” me ha parecido una parábola que embellece una situación utópica en un momento muy conflictivo de la historia de México, la Revolución, que la autora describe con toda su crudeza.

Claro que existieron mujeres revolucionarias en los duros momentos en los que se desarrolla la acción. Y muy interesantes. Pero fueron denostadas por la burguesía moralmente conservadora de cualquiera de los bandos en litigio, cosa que no se percibe en el libro donde se ignora todo aquello externo a la situación indudablemente insólita, de una mujer que pueda amar a dos hombres a la vez… y pueda hacerlo impunemente.

Tal vez la vida de Emilia esté formada por retazos de la vida de otras mujeres que vieron tronchada su trayectoria por las circunstancias adversa de una sociedad castrante.

A medida que avanza la lectura de “Mal de amores”, la novela se va enriqueciendo en expresión con descripciones acertadísimas y ahondando en el estudio de los estados de ánimo y las características de los personajes, con páginas muy hermosas que hacen desear que Emilia se mereciera haber existido y haber podido ser libre en su sensatez y su apasionamiento rodeada de varones también libres de pensamiento y de obra.

Bilbao, 3/ 4/ 2013 P. J. Blanco Rubio